Vocación

La Iglesia Cristiana Reformista y Ecuménica de María Magdalena (ICREMM), tiene una vocación adoptiva. Esto es, pretendemos recoger y acoger en nuestra iglesia a todas aquellas almas que han perdido o tienen dormida su Fe, bien por un temprano adoctrinamiento dogmático -propio de otras iglesias- que les han hecho “despegarse” del Culto a Dios, y todo lo que suene o “huela” a iglesia, bien por que por hechos de la vida, se hayan separado consciente o inconscientemente de la Fe Cristiana que pretendemos reavivar en ellos.

En muchas ocasiones nos hemos encontrado con cristianos bautizados que han perdido su Fe, identificando ésta con la obligatoriedad de cumplimiento y acuerdo con determinados dogmas, o con la autoridad o dignidad eclesiástica que los pretendía imponer mediante una inducción casi forzosa, amenazando con miedos infundados y cohercitivos, que lejos de lograr el efecto deseado, provocaron el alejamiento de la iglesia, de aquellos a quienes iban dirigidos.

El confusionismo teórico-práctico entre conceptos: religión-iglesia-magisterio eclesiástico-templo da lugar a que el creyente se vea perdido, sin opciones alternativas a su necesidad de comunicación con Dios mediante el Culto.

En ICREMM queremos ser una de esas alternativas, con conceptos claros y nada dogmáticos, que lleguen directamente al corazón del cristiano que había visto perdida su vocación o su Fe.

Lucas 15:11-32

11 También dijo: Un hombre tenía dos hijos;
12 y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes.
13 No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.
14 Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle.
15 Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos.
16 Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.
17 Y volviendo en sí, dijo: !!Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!
18 Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.
19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.
20 Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.
21 Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.
22 Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.
23 Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta;
24 porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.
25 Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas;
26 y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
27 Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano.
28 Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase.
29 Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos.
30 Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo.
31 Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.
32 Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.

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